Niños y niñas lidian a diario con la crueldad física o verbalPor Camile Roldán Soto / end.croldan@elnuevodia.com
Joven de 15 años. Popular. Buena estudiante. Linda. Simpática. Salir con el ex novio de una compañera de clases significó el comienzo de una pesadilla que comenzó en la escuela y la seguía hasta su casa a través del mundo virtual. Resulta que su relación con el chico despertó los celos, el coraje o quién sabe qué emoción en un grupo de estudiantes que se unieron en una ofensiva en su contra.
Arrancó con la creación de páginas falsas en Facebook y escaló a frases ofensivas escritas en las puertas del baño, mensajes insultantes a su correo electrónico y teléfono celular, todos con la intención de herir, ridiculizar y denigrar.
Se trata de un caso verídico de ‘cyberbullying’ o acoso cibernético, la versión más novedosa de un fenómeno mundial con serias implicaciones médicas y sociales: el ‘bullying’. Aunque en español se traduce como acoso escolar, la realidad es que se trata de un comportamiento que puede ocurrir dentro o fuera del ambiente escolar, entre niños y adolescentes e, incluso, entre adultos y el ambiente laboral.
"El ‘bullying’ es una conducta persistente de agresión que puede ser física, verbal, directa o indirecta hacia una persona, y ocurre dentro de una relación de poder de un fuerte y un débil", explica el doctor Nicolás Hernández, psiquiatra de niños y adolescentes.
Aunque en Puerto Rico hace falta mucha más información para cuantificar y contextualizar esta conducta, estadísticas de la red de ayuda Respect U indican que en Estados Unidos 5 millones de niños de edad escolar son víctimas de acoso y 25 millones de adultos sufren del fenómeno en su lugar de trabajo.
Mientras, datos del National Institute of Child Health and Human Development, citados por el doctor Hernández, revelan la relación entre violencia y acoso. Estos datos demuestran que un niño identificado como agresor a los 8 años tiene seis veces más probabilidad de ser convicto de crimen a la edad de 24 años. De no recibir ayuda, tiene cinco veces más de terminar con un récord criminal serio a la edad de 30 años.
Por qué lo hacen
Las psicólogas Maribel González y Joy Lynn Suárez, de Parenting Resources, trabajan estableciendo en los ambientes escolares programas de prevención de acoso. Señalan, de acuerdo con su experiencia, que la conducta puede observarse incluso en niños de edad preescolar, cuando excluyen de forma consistente a algún compañero de clases o le hacen comentarios negativos.
Entre los preadolescentes y adolescentes, cada vez se observan más casos de ‘cyberbullying’, que presenta un cuadro mucho más difícil para la víctima, pues el acoso y la difamación no terminan con el día escolar, sino que le persigue a través de los mensajes de texto o la computadora.
Los profesionales entrevistados coinciden al señalar que generalmente las burlas tienen su origen en diferencias en el aspecto físico y la orientación sexual.
"Vivimos en una sociedad donde, según el Censo de hace diez años, no reconocemos nuestra raza, y en una sociedad que fomenta la intolerancia entre las diferencias de género, orientación sexual y origen étnico", observa Hernández.
La doctora González destaca que, en buena parte, los insultos parten de conductas aprendidas ya sea en el hogar, la televisión o los pares.
En su experiencia clínica escucha de las víctimas insultos como "gorda explosiva" para un varón obeso e hiperactivo y "troquera" para una niña con manerismos masculinos. También es común la burla con acercamiento físico. Esta ocurre cuando los agresores se pegan a la espalda o los glúteos de la víctima o "pasan la ATH" al rozar la mano entre medio de sus nalgas.
Agresor y víctima
¿Qué motiva a un niño a maltratar a otro?
"Cuando hablamos del agresor, es un niño que muy frecuentemente está dentro de las categorías de trastorno de conductas", señala el doctor Hernández. Tres diagnósticos específicos se relacionan al niño que agrede: trastorno de conducta, trastorno oposicional desafiante y depresión. De éstas, el trastorno de conducta establece como criterio para diagnóstico ser ofensor o ‘bully’.
La doctora Suárez apunta, por su parte, que usualmente son niños con una idea glorificada de la violencia, que disfrutan de dominar o controlar a los demás.
Observa que un gran mito sobre los agresores es que tienden a tener baja autoestima. Sin embargo, los estudios han encontrado que poseen una autoestima alta y características de líder, aunque mal dirigidas.
Un error que cometen los padres, según los entrevistados, es culpar a la víctima directa o indirectamente, al restarle importancia a lo que le ocurre o instarla a defenderse sin ofrecerle alternativas .
"Al niño hay que darle herramientas, pero jamás culparlo", apunta Suárez, al señalar que cada caso de acoso es muy particular y no debe pensarse que puede resolverse con solo ignorar lo que ocurre.
Los padres deben estar alertas ante el hecho de que los ofendidos generalmente se rehúsan a hablar de lo que les ocurre por temor a su ofensor.
Defender a los niños
Los efectos del ‘bullying’ en las víctimas pueden ser muy variados y muy graves, incluyendo depresión a largo plazo, estancamiento en el desempeño escolar y, en casos graves, el suicidio de las víctimas. Es por ello que los profesionales apuestan por acercamientos de política pública multisectoriales que involucren el hogar y la escuela.
"Necesitamos un programa que estudie las dimensiones del fenómeno y se diseñe un programa de prevención e intervención. El ‘bullying’ debe verse como un problema de salud pública", opina Hernández.
Señales a observar:
1. Cambios en el humor o el comportamiento, tales como tristeza o irritabilidad.
2. Pesadillas u otros cambios en el patrón de sueño.
3. Dolores somáticos -de cabeza, mareos, náuseas- para evitar ir a la escuela.
4. Evita actividades de la escuela como excursiones o pide que le acompañen hasta entrar a la escuela o la salida.
5. Se niega o protesta a la hora de ir a la escuela.
6. Pierde objetos de valor o dinero (se lo roban o lo amenazan para pagar dinero periódicamente).
7. Aparece con golpes, hematomas o rasguños y dice que se ha caído.
Cabe señalar que estos indicadores son indirectos y pueden ser señal de otras condiciones emocionales que un especialista debe evaluar.
Fuente: Dr. Nicolás Hernández, psiquiatra
Consejos para los padres:
1. Establecer un ambiente de diálogo con tus hijos desde la niñez es crucial en la crianza. Practica a diario el arte de la conversación. Pregúntales cómo les fue el día y estimula que te cuenten sobre lo que hicieron.
2. Si tu hijo comparte algún evento conflictivo o problema contigo, evita cortar la comunicación con un regaño o corrección. En su lugar, permite que hable. Pregúntale qué más pasó. "Los niños narran las historias en pequeñas escenas y el adulto necesita tener la historia completa antes de redirigirlos", explica el doctor Hernández.
3. Involúcrate en las actividades de tus hijos y en su comunidad escolar. Participa de cumpleaños y otros eventos que te permitan observar y conocer el ambiente en el cual se desenvuelven y con quién comparten.
Consejos para los niños víctimas de acoso
1. Pide ayuda de un adulto. No respondas a la agresión. Evita el enfrentamiento.
2. Aléjate a un lugar seguro.
3. Ignora al agresor, pero si es persistente habla con tus padres. Recuerda: es el agresor quien tiene el problema, no tú.
4. Trata de mantener la calma. Si tienes que responderle, hazlo tranquilo. Puedes contestarle: "Eso es lo que tú piensas".
5. A veces el humor puede desarmar al agresor. Si te dice "qué feo ese traje o camisa", puedes contestarle "ah, gracias. Me alegra que te hayas dado cuenta".
Arrancó con la creación de páginas falsas en Facebook y escaló a frases ofensivas escritas en las puertas del baño, mensajes insultantes a su correo electrónico y teléfono celular, todos con la intención de herir, ridiculizar y denigrar.
Se trata de un caso verídico de ‘cyberbullying’ o acoso cibernético, la versión más novedosa de un fenómeno mundial con serias implicaciones médicas y sociales: el ‘bullying’. Aunque en español se traduce como acoso escolar, la realidad es que se trata de un comportamiento que puede ocurrir dentro o fuera del ambiente escolar, entre niños y adolescentes e, incluso, entre adultos y el ambiente laboral.
"El ‘bullying’ es una conducta persistente de agresión que puede ser física, verbal, directa o indirecta hacia una persona, y ocurre dentro de una relación de poder de un fuerte y un débil", explica el doctor Nicolás Hernández, psiquiatra de niños y adolescentes.
Aunque en Puerto Rico hace falta mucha más información para cuantificar y contextualizar esta conducta, estadísticas de la red de ayuda Respect U indican que en Estados Unidos 5 millones de niños de edad escolar son víctimas de acoso y 25 millones de adultos sufren del fenómeno en su lugar de trabajo.
Mientras, datos del National Institute of Child Health and Human Development, citados por el doctor Hernández, revelan la relación entre violencia y acoso. Estos datos demuestran que un niño identificado como agresor a los 8 años tiene seis veces más probabilidad de ser convicto de crimen a la edad de 24 años. De no recibir ayuda, tiene cinco veces más de terminar con un récord criminal serio a la edad de 30 años.
Por qué lo hacen
Las psicólogas Maribel González y Joy Lynn Suárez, de Parenting Resources, trabajan estableciendo en los ambientes escolares programas de prevención de acoso. Señalan, de acuerdo con su experiencia, que la conducta puede observarse incluso en niños de edad preescolar, cuando excluyen de forma consistente a algún compañero de clases o le hacen comentarios negativos.
Entre los preadolescentes y adolescentes, cada vez se observan más casos de ‘cyberbullying’, que presenta un cuadro mucho más difícil para la víctima, pues el acoso y la difamación no terminan con el día escolar, sino que le persigue a través de los mensajes de texto o la computadora.
Los profesionales entrevistados coinciden al señalar que generalmente las burlas tienen su origen en diferencias en el aspecto físico y la orientación sexual.
"Vivimos en una sociedad donde, según el Censo de hace diez años, no reconocemos nuestra raza, y en una sociedad que fomenta la intolerancia entre las diferencias de género, orientación sexual y origen étnico", observa Hernández.
La doctora González destaca que, en buena parte, los insultos parten de conductas aprendidas ya sea en el hogar, la televisión o los pares.
En su experiencia clínica escucha de las víctimas insultos como "gorda explosiva" para un varón obeso e hiperactivo y "troquera" para una niña con manerismos masculinos. También es común la burla con acercamiento físico. Esta ocurre cuando los agresores se pegan a la espalda o los glúteos de la víctima o "pasan la ATH" al rozar la mano entre medio de sus nalgas.
Agresor y víctima
¿Qué motiva a un niño a maltratar a otro?
"Cuando hablamos del agresor, es un niño que muy frecuentemente está dentro de las categorías de trastorno de conductas", señala el doctor Hernández. Tres diagnósticos específicos se relacionan al niño que agrede: trastorno de conducta, trastorno oposicional desafiante y depresión. De éstas, el trastorno de conducta establece como criterio para diagnóstico ser ofensor o ‘bully’.
La doctora Suárez apunta, por su parte, que usualmente son niños con una idea glorificada de la violencia, que disfrutan de dominar o controlar a los demás.
Observa que un gran mito sobre los agresores es que tienden a tener baja autoestima. Sin embargo, los estudios han encontrado que poseen una autoestima alta y características de líder, aunque mal dirigidas.
Un error que cometen los padres, según los entrevistados, es culpar a la víctima directa o indirectamente, al restarle importancia a lo que le ocurre o instarla a defenderse sin ofrecerle alternativas .
"Al niño hay que darle herramientas, pero jamás culparlo", apunta Suárez, al señalar que cada caso de acoso es muy particular y no debe pensarse que puede resolverse con solo ignorar lo que ocurre.
Los padres deben estar alertas ante el hecho de que los ofendidos generalmente se rehúsan a hablar de lo que les ocurre por temor a su ofensor.
Defender a los niños
Los efectos del ‘bullying’ en las víctimas pueden ser muy variados y muy graves, incluyendo depresión a largo plazo, estancamiento en el desempeño escolar y, en casos graves, el suicidio de las víctimas. Es por ello que los profesionales apuestan por acercamientos de política pública multisectoriales que involucren el hogar y la escuela.
"Necesitamos un programa que estudie las dimensiones del fenómeno y se diseñe un programa de prevención e intervención. El ‘bullying’ debe verse como un problema de salud pública", opina Hernández.
Señales a observar:
1. Cambios en el humor o el comportamiento, tales como tristeza o irritabilidad.
2. Pesadillas u otros cambios en el patrón de sueño.
3. Dolores somáticos -de cabeza, mareos, náuseas- para evitar ir a la escuela.
4. Evita actividades de la escuela como excursiones o pide que le acompañen hasta entrar a la escuela o la salida.
5. Se niega o protesta a la hora de ir a la escuela.
6. Pierde objetos de valor o dinero (se lo roban o lo amenazan para pagar dinero periódicamente).
7. Aparece con golpes, hematomas o rasguños y dice que se ha caído.
Cabe señalar que estos indicadores son indirectos y pueden ser señal de otras condiciones emocionales que un especialista debe evaluar.
Fuente: Dr. Nicolás Hernández, psiquiatra
Consejos para los padres:
1. Establecer un ambiente de diálogo con tus hijos desde la niñez es crucial en la crianza. Practica a diario el arte de la conversación. Pregúntales cómo les fue el día y estimula que te cuenten sobre lo que hicieron.
2. Si tu hijo comparte algún evento conflictivo o problema contigo, evita cortar la comunicación con un regaño o corrección. En su lugar, permite que hable. Pregúntale qué más pasó. "Los niños narran las historias en pequeñas escenas y el adulto necesita tener la historia completa antes de redirigirlos", explica el doctor Hernández.
3. Involúcrate en las actividades de tus hijos y en su comunidad escolar. Participa de cumpleaños y otros eventos que te permitan observar y conocer el ambiente en el cual se desenvuelven y con quién comparten.
Consejos para los niños víctimas de acoso
1. Pide ayuda de un adulto. No respondas a la agresión. Evita el enfrentamiento.
2. Aléjate a un lugar seguro.
3. Ignora al agresor, pero si es persistente habla con tus padres. Recuerda: es el agresor quien tiene el problema, no tú.
4. Trata de mantener la calma. Si tienes que responderle, hazlo tranquilo. Puedes contestarle: "Eso es lo que tú piensas".
5. A veces el humor puede desarmar al agresor. Si te dice "qué feo ese traje o camisa", puedes contestarle "ah, gracias. Me alegra que te hayas dado cuenta".


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