30 de junio de 2009

Como sobrellevar una ruptura

La dura tarea de dar vuelta la página.
Cómo sobrellevar una ruptura amorosa y aprovechar la instancia para sacar lecciones de vida.
Por El Mercurio / GDA
Cuando una relación llega a su fin parece difícil visualizar una luz al final del túnel de tristeza en el que se entra, sobre todo, cuando la decisión de cortar no fue de uno. ¿Por qué me dejó de querer?, ¿qué hice mal?, ¿me habrá mentido cuando dijo que me quería? pueden ser preguntas que surgen en el momento, si el término de la relación nos pilla con la autoestima volando bajo.
Los proyectos de vida parecen irse junto al que nos dejó, lo que hace del futuro una imagen borrosa, improbable y claro, bastante solitaria. “El término de una relación es un proyecto que se trunca, por lo tanto, no sólo existe el duelo por la perdida de la pareja, sino que también por la perdida de un proyecto en común”, coincide la psicóloga de parejas Pamela Cohen.
Por otro lado, para el psicólogo del Departamento de Asuntos Estudiantiles de la Universidad Andrés Bello, Hernán Díaz, la pena que se sentirá está relacionada “por factores como el tiempo que se estuvo junto a alguien, la calidad, la intensidad de la relación, la actitud de los demás y la forma del rompimiento”. A esto se le suman experiencias tempranas con el vínculo afectivo con los padres y alguno que otro trauma en el lado emocional.
Tanto Díaz como Cohen han entregado sus consejos para superar tan difícil etapa.
1. Mantener viva la esperanza: A pesar de la desesperación y la pena, se debe buscar, concientemente, en lo más profundo del ser, los aspectos positivos que se poseen; no decirse frases negativas como “yo no sirvo para estar en pareja, nunca más voy a encontrar a una que me guste tanto” o “yo no soy lo suficientemente deseable o atractiva”. Frases como esas pueden afectar directamente en los propios sentimientos.
2. Comprender que la ruptura es una posibilidad: El fin de una relación es algo posible, por más amor e idealización exista. Es importante vencer esta ilusión, que puede provocar una manera irracional de ver la propia relación sentimental, como algo eterno e imbatible.
3. Aceptar que la intensidad difiere entre los amantes: Tras la decepción amorosa es común que se llegue a conclusiones duras con respecto a la ex pareja. “Nunca me quiso”, “jugó conmigo” son frases que se vienen a la cabeza con bastante facilidad. Se debe comprender que la otra persona, probablemente, sintió un gran amor en su minuto, se ilusionó como cualquier enamorado, pero que hoy esos sentimientos no son tan fuertes como en un comienzo. Por mucho que duela, son cosas que pasan.
4. Resistirse al impulso del aislamiento: El buscar la soledad, no despegarse de las sábanas y levantarse apenas para ir a la cocina por más helado para la pena, lo único que hace es agrandar y sobredimensionar la tristeza, el desencanto y la frustración. Es muy tentador ceder a la inercia de la televisión y comer en forma excesiva para aplacar un poco el dolor y la angustia, sin embargo esta conducta es mucho más seductora que productiva. Es importante poner un límite a esta etapa.
5. No juzgar desde el dolor: Evaluar la relación con los sentimientos de rabia y desilusión, puede influir en que el recuerdo de lindos momentos se vean llenos de dolor y desconfianza. Hay que aceptar que existieron episodios llenos de alegría y aprendizajes que, de no ser por el otro, no habrían aparecido en la propia vida.
6. Focalizarse en el proceso: “¿Cuántas veces hemos pasado por situaciones muy difíciles en el pasado y sin embargo hemos podido salir adelante, gracias a que hemos aprendido una gran lección en ese período?”, pregunta Cohen. Es muy útil para superar esta etapa, observar aquellas lecciones aprendidas en el pasado y analizarse, de tal manera que sea posible sacar conclusiones del propio proceso de vida.
7. Que la introspección nos conduzca a la gratitud: Aunque cueste, en algún minuto de la vida se comprenderá que la decisión tomada por la ex pareja, al momento de dejarnos, fue la mejor que pudo haber tenido. El amor se había acabado o, al menos ya no llenaba a la otra persona, y autoengañarse creyendo que los propios sentimientos son recíprocos, lo único que provoca es vivir en una cruel ilusión.
8. Ser proactiva: Si se necesita un período de duelo con melodrama, bienvenido sea. Sin embargo, es preciso ponerle un límite a los sentimientos, para que estos no se dejen llevar por la tristeza extendida y recurrente. Un ejemplo es proponerse un horario del día para permitir las lágrimas, y si la cabeza recuerda el dolor en otro momento de la jornada, decirse: “Este no es el momento para esto. Lo voy a hacer a su hora”. Suena gracioso, pero Cohen asegura que funciona.
9. Actuar “como si”: Se debe tener confianza que el tiempo traerá, nuevamente, la claridad. Mientras eso sucede, es bastante útil actuar como si se la tuvieses ahora. Actuar de una determinada manera, el autoconvencimiento, ayuda a sentirse de esa forma. Un ejemplo es sentirse feliz por el ex, alegrarse de que la relación haya finalizado, y por más que el corazón aún se estruje, actuar como si de verdad se sintiera alegría. La repetición de este comportamiento terminará entrando en la cabeza.
10. Aprender de la ruptura: Tanto Cohen como Díaz coinciden en la importancia de sacar lo mejor de esta dura etapa. “Aprende lo que puedas y sigue con tu vida”, dice la psicóloga, antes de recomendar que, una vez que la paz retorna, se presenta una oportunidad para darse cuenta de los propios errores y trabajar por no repetirlos en el futuro.
Por su parte, Díaz no se cierra a la posibilidad de que, tal vez, cada pareja que se presenta en la vida es una oportunidad de crecimiento personal; hasta que aparece la persona adecuada, en el momento preciso de nuestra vida.

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